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greatgasty

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Nuestra esquina[align=center][/align]

La esquina era de todos.
Aunque nosotros, los pibes, la sentíamos más nuestra que el resto del vecindario.
Es que representaba el lugar donde podía encontrarnos la noche.
Allí, sólo allí, estaba el único farol que nos cobijaba tras la partida del sol.
Dibujaba un cono claro que se desprendía debajodel paraguas de chapa negra que cubría el foco gigante. Un conoestático en las noches serenas del verano o convertido en un juego deluces y sombras cuando el crudo viento del invierno la transformaba enuna hamaca aérea.
Nadie faltaba a la cita. Nadie ponía excusas para no ir.
Es que allí se resumían las historias del día,en el rato previo al típico llamado de... "¡A comer...!" o eldefinitivo... "¡A dormir...!", que nunca queríamos oír de boca denuestros padres.
Allí, en la esquina, nuestra esquina, se daba elarco a arco, el paso de indio, el robo de los fierros, la escondida, lamancha o cualquier otro juego de aquella niñez que no supo de "tele","compu" o de entretenimientos armados por los mayores y no por loschicos.
Los protagonistas podíamos ser más o menoshumildes, aunque nadie se distinguía por el poder económico que podíahaber puertas adentro del hogar.
Aquel que tenía algo más ingresaba a la casa del más pobre con la misma frecuencia que ocurría a la inversa.
Quizás, porque el barrio había nacido así y sugente se preocupaba más por tener una familia digna que por mostrar elmaquillaje propio del dinero que, a la larga, siempre ha corrido elriesgo de diluirse.
Éramos todos pibes, unidos por la pelota detrapo, las zapatillas Boyero, la bolita, el barrilete de caña y papelde diario y tantas travesuras propias de la edad.
Éramos todos pibes, que tomábamos el café conleche, con pan y manteca, a las 6 de la tarde, después del "cole" y nospreparábamos para unirnos a la barra, fortalecida, de tanto en tanto,en el partido barrio contra barrio o en la colecta anual de pasto ycubiertas para la típica fogata de San Juan y San Pedro.
Éramos los mismos pibes que fuimos creciendo,sin darnos cuenta de que, con el tiempo, nos separamos físicamente peroque cuando nos reencontramos nunca falta un momento para recordaraquellas épocas en las que el aburrimiento no existía y sobraban lasoportunidades de ser feliz.
Esos pibes, hoy, ya estamos grandes. La mayoríapeinamos canas y ya no podríamos jugar un arco contra arco, porque lapelota de trapo murió deshilachada y no encontraríamos la arenitasuelta en los costados de calles que ya no son de tierra.
Pese a todo no dejamos de cerrar, por unmomento, nuestros ojos, esbozar una sonrisa y emocionarnos con losrecuerdos imborrables de una infancia donde coleccionamos buena partede nuestros grandes amigos.
Tiempos, aquellos, cuando tejimos las mejoresfantasías, noche tras noche, cobijados por el viejo farol de chapa, enmedio de ese cálido cono de luz amarillenta allí, en esa esquina, quefue... nuestra esquina.


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  • Fecha: Miércoles 27/08/2008 a las 01:56 hs
  • Categoria: Texto
  • Tags: recuerdos
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#1    Lindo eh! Es tuyo?
 Por ToroSentado el Miércoles 27/08/2008 a las 02:59 hs.

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